Fue sin lugar a dudas el político español más importante de la segunda mitad del siglo XIX. El hombre que fue capaz de convencer a las principales y enfrentadas fuerzas políticas de que la única vía para alcanzar cierta estabilidad era el regreso de la dinastía Borbón. Y la historia demostró que Antonio Cánovas del Castillo estaba en lo cierto. Tras el fallido reinado de Amadeo I y el turbulento periodo de la I República, el sistema de alternancia política que impulsó Cánovas inauguró una de las mayores trasformaciones que ha vivido nuestro país. Bien es cierto que el sistema tenía poco de democrático, puesto que se basaba en el bipartidismo y la alternancia política entre conservadores y liberales, y conjuró contra el malagueño una interminable ristra de enemigos. Su inesperado asesinato a manos de un anarquista italiano fue la consecuencia, o más bien el origen, del final de la Restauración borbónica Cánovas del Castillo nació un 8 de febrero de 1828 en Málaga y murió el 8 de agosto de 1897 en el balneario de Santa Águeda, del municipio de Mondragón. A sus 69 años, el presidente del Gobierno español se había detenido en la localidad guipuzcoana a pasar unos días de descanso a su regreso de San Sebastián, donde estuvo reunido con la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena. Aquel domingo 8 de agosto, Cánovas oyó misa temprano en la parroquia de Santa Águeda y a la vuelta se sentó en un banco junto a la puerta del balneario a leer la prensa. Cuando era cerca de la una del mediodía, se le acercó un individuo y le disparó tres veces: una bala le causó una herida en la cabeza, otra en la yugular y la tercera en un costado.Esas tres balas mataron al hombre que había presidido el país de forma casi ininterrumpida desde el principio de la Restauración.
¿Quién podía estar interesado en matar a un político que encaraba el final de su carrera? Demasiados candidatos seguía siendo la respuesta. Tras participar en la revolución del 54 encabezada por Leopoldo O'Donnell –donde se encargó de redactar el «Manifiesto de Manzanares»– y ocupar varios ministerios en los años finales del reinado de Isabel II, Cánovas desapareció parcialmente de la escena política con la salida de la Reina del país. En 1874 regresó para tutelarla llegada al trono de Alfonso XII, hijo de Isabel II. El malagueño, también célebre por su obra como historiador, se alzó como el autor intelectual de la restauración Borbónica y accedió siete veces al cargo de Presidente del Consejo de Ministros de España con Alfonso XII. Fueron años de progreso económico y estabilidad política en España, que, sin embargo, dejaron por el camino muchos detractores a un régimen que estaba lejos de ser democrático.
El bipartidista daba reducido margen de actuación a grupos políticos como los socialistas o los anarquistas, marginados por un sistema electoral vertebrado por el caciquismo. Las violentas reivindicaciones de estos partidos, en muchos casos a través de atentados, fueron respondidas con la misma contundencia por parte del estado.